Prueba: Mercedes-Benz CLA 200 Urban 7G-DCT (Parte 1)

martes, 7 de enero de 2014



Evaluamos al CLA 200 Urban, con el motor 1.6 turbo de 156 cv asociado a la caja automática 7G-DCT.
Durante cuatro días y más de 500 km, estuvimos probando al Mercedes-Benz CLA. En este caso nos tocó la versión Urban con la caja automática secuencial de doble embrague y siete relaciones. El motor ya es un viejo conocido, el 1.6 turboalimentado de 156 cv de potencia. La primera parte del test, tras el salto.


El Concept Style Coupé, mostrado en el Salón de Beijíng 2012 (ver nota) fue el puntapié inicial para lo que unos meses más tarde, en el Salón de Detroit 2013 conoceríamos en su forma definitiva y nombre comercial, CLA (ver nota). Basado en la plataforma MFA de Mercedes-Benz, esta berlina compacta con silueta de coupé llega al mercado mundial para inaugurar un nuevo segmento.

Desarrollado bajo el código C117, el CLA es uno de los pocos Mercedes-Benz que no provienen de Alemania. Mientras sus hermanos de gama, los Clase A (ver prueba) y Clase B (ver prueba) salen de la planta de Rastatt, el CLA proviene desde Kecskemét, Hungría.


El 25 de setiembre del año pasado se presentó en Uruguay (ver nota) con cuatro versiones, tres CLA 200 Urban con precios que van entre los 57.500 y 74.500 dólares, mientras que el modelo más caro es el CLA 250 AMG Line, con un precio de 87.500 dólares. Los primeros son tracción delantera, con caja manual de sexta o automática de doble embrague 7G-Tronic, mientras el CLA 250 llega solo con tracción integral 4MATIC y caja automática.

Autoblog se subió al CLA 200 con caja automatica 7G-DCT, combinado con el equipamiento Urban con tres opcionales, techo solar, faros bi-Xenón activos, y climatizador automático bi-zona. Su precio es de U$S 74.500 y su garantía, 2 años sin límite de kilometraje. Comencemos con la prueba.

EXTERIOR

El CLA tiene una carrocería sencillamente hermosa, creada con el objetivo de hacer que cada persona que lo siga con la mirada en la calle mientras tiene la mandíbula baja. Desde cualquier ángulo es bello, y en cada trazo de sus líneas hay detalles exquisitos de diseño. Y el apodo de "baby-CLS" no le queda grande. Es prueba suficiente de su acierto estético, decir que no hubo un solo día que saliera a la calle en que al menos cinco personas se dieran vuelta a verlo. Y estando estacionado más de uno, se acercara a mirarlo de cerca y para apreciarlo más detenidamente.


El frente es agresivo, y pese a lo que muchos puedan creer, no es igual al del Clase A en lo más mínimo. La parrilla es distinta, con un patrón diferente, las ópticas son más afiladas y el paragolpes tiene unas entradas de aire más generosas. Lo único que comparten es la ausencia de faros antinieblas delanteros, un faltante poco entendible para un modelo de casi 75 mil dólares. Por suerte las ópticas son bi-Xenón activas y con un gran poder lumínico en la noche, en especial las luces largas.

De costado es donde más se entiende el tan alabado "coeficiente aerodinámico más bajo de un modelo en producción" de Cx 0,25 en este CLA 200. El auto luce muy agazapado, la línea de cintura es muy alta, y el techo va cayendo conforme llega al remate trasero, con la misma fluidez de líneas que estrenara por primera vez el CLS allá por 2004.


Lo otro que destacan son las generosas llantas de aleación diamantadas de 18 pulgadas sobre neumáticos del tipo runflat marca Goodyear Eagle F1, en medida 225/40 R18. De todas formas, el rasgo más característico del perfil del CLA son las puertas sin marco, que junto al techo, le dan esa cuota de "coupé" que Mercedes-Benz tanto remarca. En nuestra unidad contaba con un generoso techo panorámico ideal para iluminar un habitáculo que tiene poco vidrio.

Las dimensiones del CLA son: 4,630 metros de largo, 1,777 de ancho y 1,432 de alto. La distancia entre ejes es de 2,699 m. Si lo comparamos con el modelo del que deriva, es 30 cm más largo que el Clase A, 3 cm más angosto, y 2 cm más bajo. La batalla es exactamente la misma.

INTERIOR

Si me vendaran los ojos y me invitaran a subir a un CLA o un Clase A, al destapármelos no encontraría muchas diferencias, y si me agarran medio desprevenido los llegaría a confundir. Ambos habitáculos comparten muchas piezas en común. La consola central -sí, con la controversial pantalla tipo retrato digital-, el volante, las salidas de aire cromadas, etc. En otras palabras, son casi idénticos.

La posición de manejo del CLA es idéntica a la del Clase A. Las regulaciones de butaca (longitudinal y altura) y volante (altura y profundidad) son generosas en todas las direcciones, pero queda en el debe una regulación lumbar del asiento. Ya que lo menciono, las butacas delanteras son tipo baquet, con los apoyacabezas integrados y un tapizado llamado cuero ARTICO, el término que usa Mercedes-Benz para no decir cuerina. Tienen buena sujeción del torso, y solo correcta para las piernas.


El volante es de grip grueso, está revestido en cuero y lleva los comandos para computadora de abordo, el audio, la telefonía Bluetooth, y más abajo, el cruise control (o TEMPOMAT según Mercedes). En la parte posterior del mismo están las levas para el paso de marchas de la caja 7G-DCT, y a la derecha, el brazo selector de cambios, denominado DIRECT SELECT. Es algo extraño la primera vez que uno lo ve, pero luego se vuelve muy natural en su uso.

El instrumental es casi idéntico a los de los Clase A o B, aunque con otro diseño de números. Ofrece cuatro elementos de aguja, tacómetro, velocímetro, temperatura de agua del motor y cantidad de combustible, con un display en el centro donde se pueden datos de la computadora de a bordo, entre otras funciones.


Al centro del tablero lleva la tan criticada pantalla a color de 5,8", en donde se pueden visualizar las funciones de audio, radio, consumos y telefonía. En tren de pedirle mejoras, podría ser retráctil y contar con una mejor resolución. Para manejar la infinidad de funciones que tiene hay que valerse de una pequeña perilla llamada Controller, bastante fácil de entender en sus comandos.

A medio camino de la consola, está el teclado del equipo de sonido denominado Radio 20 Audio CD, con conexiones USB y Aux-In e interfaz Bluetooth con función manos libres, visualización de SMS y audio streaming para música. Finalmente en la parte más baja del túnel central está el equipo de climatización automática de dos vías, un ítem bastante reclamado en las gamas de los Clase A y B, y que solo ofrecen los CLA más caros, como el probado. Su funcionamiento es correcto y estos días de calor, fue un aliado de todas las horas.


La calidad del habitáculo es bastante correcta, habiendo materiales de inyectado blando en la parte superior de la consola, y plásticos duros abajo, también de buena calidad y el ambiente que se respira es de un modelo premium. De todas formas, como ya lo dijo Facundo en la prueba del Clase A (ver prueba), el CLA tampoco puede superar la calidad de un rival de segmento como es el Audi A3 (ver prueba), o incluso de otros Mercedes.

Finalmente llegamos al punto de la discordia en el CLA: sus técnicamente tres y en la práctica dos, plazas traseras. Los inconvenientes comienzan al subirse, ya que la caída del techo obliga a contorsionarse para entrar. Una vez adentro, el techo obliga a personas de 1,80 m a ir con la cabeza agachada o ladeada, y no exagero. El espacio para las piernas no es tan generoso, al igual que en el Clase A, pero el problema con el techo es definitivamente peor. Y olvídense de un tercer ocupante atrás. Hay un falso túnel de transmisión, y el techo en esa plaza no es más amable que con aquellos que van en las dos laterales.


El baúl tiene una boca de carga algo chica, y ofrece con unos correctos 470 litros de capacidad, ampliables rebatiendo los respaldos traseros, aunque Mercedes-Benz no declara ese volumen. Bajo el piso cargas no hay rueda de auxilio, ni tampoco un kit repara pinchazos con un compresor de aire, ya que el CLA cuenta con neumáticos runflat. Una solución no muy práctica para nuestras rutas, y aún más si vemos la medida de los cauchos que calza.

MOTOR

Al igual que el interior, debajo del capot del CLA hay coincidencias con el Clase A. Lleva el mismo impulsor que ya probamos en el A 200, así como también hace exactamente un año atrás, en el B 200. El motor ubicado transversalmente y perteneciente a la familia de mecánicas M 270, tiene 1.595 cc de cilindrada, inyección directa con turbocompresor. Eroga 156 cv de potencia disponibles a las 5.300 rpm y produce un torque máximo de 250 Nm plano entre las 1.250 y 4.000 vueltas.


En nuestra unidad estaba asociado con la transmisión automática secuencial de siete velocidades y doble embrague denominada 7G-DCT. Ahondar en cómo se comporta este motor es básicamente hacer memoria de lo que nos dejó cuando lo usamos en sus hermanos de plataforma.

Este impulsor es brillante. Tiene mucha elasticidad, así como una entrega constante de potencia y par, asistido por un turbo que entra en acción temprano, y una transmisión que permite sacar lo mejor del motor, sin tampoco exigirlo de más, entregando así buenas cifras de consumo. Trabaja con el sistema ECO (también conocido por start&stop), que colabora en este sentido también.


Con esta caja, cumple el 0-100 km/h en 8,5 segundos y logra, siempre según cifras de fábrica, una velocidad máxima de 230 km/h. Los consumos declarados en su ficha técnica son: 7,1 l/100 km en ciclo urbano, 4,6 l/100 km en ruta, y en ciclo mixto alcanza 5,5 l/100 km.

Según nuestras mediciones, logramos 7,9 l/100 km en ciudad, y la cifra bajó a 6,8 l/100 km en ruta, mientras que en ciclo mixto obtuvimos unos correctos 7,4 l/100 km. El depósito de combustible aloja 50 litros con 6 litros extra para reserva y el peso en vacío es de 1.430 kg.

Galería: Mercedes-Benz CLA 200 Urban 7G-DCT
Prueba: Mercedes-Benz CLA 200 Urban 7G-DCT (Parte 2)

Fotos: Autoblog, BR1 | Photography