Probamos al Jeep Wrangler Unlimited (JL): nunca nos olvidemos de jugar

martes, 20 de octubre de 2020



Probamos a la última evolución de una leyenda del todo terreno: el Jeep Wrangler.

Durante cuatro días y algo más de 1.000 kilómetros, evaluamos al Jeep Wrangler Unlimited Rubicon. Se trata de uno de los todo terreno más capaces del planeta en términos de off-road. Pero también es el ejemplo de cuando una marca toma muy en serio su legado y deja toda la diversión para el presente.

¿Cuándo fue la última vez que se rieron manejando un vehículo? ¿Alguna vez tuvieron la chance de hacerlo? ¿Se acuerdan cuando eran pequeños y tenían muchas ganas de poder aprender a conducir de forma legal para poder divertirse a sus anchas? Al llegar a la adultez son pocas las ocasiones en las que solemos hacer cosas por el hecho de sacarnos una sonrisa o una carcajada que nos llene de endorfinas el organismo.

En mi caso, hace un par de semanas atrás, volví a tener un subidón de energía de ese tipo al volante del Jeep Wrangler Unlimited de segunda generación (ver lanzamiento). Me encontré a mí mismo sonriendo mientras iba conduciendo en la ruta con los (pocos que me quedan) pelos al viento. Porque en todo momento, ya sea de día o de noche, opté por usarlo sin la parte delantera del techo colocada. Y sí, también iba matándome de risa mientras entraba de lleno a la arena o a un vado. Casi como si estuviera al mando de una montaña rusa personal de 285 cv. Prestada. Pero por cuatro días, "mía".


Durante esos días de uso la gente en la calle también sonreía mientras pasaba a su lado manejando o pedían permiso para sacarse una selfie. Mi fotógrafo, por su parte, que se sube a cada auto que pruebo, después de terminada la sesión off-road me pidió que repitiera las vueltas que hice para las fotos con el Wrangler, pero ahora con él en el asiento del pasajero. Y es un tipo que se sube desde hace seis años, reitero, a todos los autos que pruebo. Es la primera vez que me pide esa vueltita de honor. Y es un tipo, que además, hacía una semana que había cumplido 40 años. Yo tengo 32. Pero los dos nos sentimos dos nenes de 10 en un pelotero a las risas mientras dimos la vueltita.

También es la primera vez que en mis redes sociales personales atomizo a mis amigos y conocidos con fotos del auto que estuve usando. Y le saqué fotos todos los santos días. Es que verlo estacionado junto a otros automóviles de nuestro mercado con sus diseños anónimos y "lavados" es una triste prueba de lo aburrida que se ha vuelto la industria. Y cómo todavía (por suerte) existen marcas como Jeep que deciden hacer productos just for the hell of it. En FCA están locos al hacer productos así o las versiones Hellcat, Trackhawk o Demon de sus productos con unos motores ridículos, ruidosos y potentes. Pero los amo por eso. Por no perder el sentido de la diversión por la diversión en sí misma.


Este Jeep no es un producto que apele a la lógica. Bah, ni siquiera sabe qué demonios es eso. Busca hacerle cosquillas a las fibras más irracionales e infantiles de nuestro adulto cuerpo. Más de uno de ustedes dirá que si tuviera U$S 129.000 en el bolsillo, los gastaría en otras cosas más lujosas, potentes o modernas. 

A ellos les pregunto: ¿recuerdan jugar cuando eran niños con sus autos a escala en los sillones de su casa o arriba de la cama? Bueno, tener un Wrangler sería lo mismo. Pero para usarlo en un terreno de verdad. Y el ruido a motores no lo harías haciendo vibrar los labios. Lo haría un V6 aspirado. E incluso sonaría mucho mejor que en tu vasta imaginación infantil. Pero te reirías de la misma forma. O tal vez, con más fuerza.


Quizás sea mi hartazgo de lo aburrida que es la industria automotriz actual tras 10 años de trabajo en ese rubro. Tal vez haya sido que por culpa de una pandemia tuve que esperar nueve meses para poder probarlo. Pero hacía muchos años que no usaba un vehículo, y que al momento de devolverlo, todavía me quedaran ganas para seguir usándolo por varios días más. Y eso que lo manejé casi 1.000 km en cuatro días. Cuando era niño, tenía un auto de lata a pedales con unas ruedas de plástico que lo amaba con el alma. Tanto lo disfruté usándolo durante mi infancia, que las cuatro ruedas se rajaron en gajos a los pocos meses de tenerlo. 

No llegué a tanto con el Wrangler en ese fin de semana de prueba. Pero sin dudas me volví a divertir como ese petrolhead pequeño que supe ser hace casi 25 años atrás y que exactamente hoy, celebra 10 años de trabajo de lo que siempre soñó ser de pequeño. El análisis completo del Jeep Wrangler Unlimited (o lo que vendría a ser mi auto-regalo de cumpleaños laboral), dentro de unos días más.