Porsche World Road Show 2026: detox para petrolheads

martes, 29 de septiembre de 2026




Viajamos a Lima, Perú, por invitación de Porsche Uruguay al Porsche World Road Show 2026, una experiencia itinerante que permite manejar durante un día buena parte de la gama de la marca, tanto en pista como fuera de ella. Sin dudas, un “detox para petrolheads”. Crónica, fotos y videos, a continuación.

Desde San Bartolo, Perú (*) - Durante los 16 años de existencia de este medio, escuché muchas veces la frase “tenés el mejor trabajo del mundo”. Sin embargo, pocos saben que incluso ese empleo soñado desde pequeño puede volverse rutinario, tedioso y monótono. El aluvión de nuevas marcas, en su mayoría con productos de origen chino, eléctricos y preferentemente envasados en SUVs de diseño genérico, ingeniería mediocre, ergonomías cuestionables y suspensiones blandas como un churro mojado concebidos para reducir costos y aumentar volúmenes de venta, ha logrado hartarme. Lo confieso. No lo digo en sus evaluaciones porque el profesionalismo me lleva a guardar estas consideraciones y gustos personales bajo siete llaves. Pero la realidad es que me cansé. Aniquilaron mi capacidad de sorprenderme.


Pero todavía existen casos, muy contados, en los que termino de probar un vehículo y quedo boquiabierto. Productos que me generan ganas de seguir manejando hasta que el cuerpo no dé más. Momentos en los que aquella frase sobre tener el mejor trabajo del mundo vuelve a florecer como una orquídea en primavera. Marcas como Porsche aún mantienen esa llama encendida. Porque, aunque sigan las tendencias del mercado, especialmente la electrificación, no pueden escapar de su esencia: fabricar deportivos. De diferentes formas, tamaños y prestaciones, pero deportivos al fin. Puede ser un SUV, una coupé, una berlina ejecutiva o incluso una rural. Siempre concebidos para ser conducidos durante horas, con comodidad o bajo alta exigencia, pero con el mismo grado de eficacia. Pocas marcas saben conseguir esto.


¿Cómo lo demuestran? Permitiendo experimentar sus capacidades en situaciones que ningún usuario promedio se plantearía. ¿Harían un power slide con un SUV familiar eléctrico? ¿Pondrían de costado una berlina ejecutiva de casi cinco metros por pura diversión? Probablemente no. Sin embargo, eso fue exactamente lo que sucedió en el Porsche World Road Show 2026, celebrado hace unos días en Perú. Para quienes disfrutamos manejar, pero estamos atrapados en un loop laboral de pruebas rutinarias y desempeños monótonos, la experiencia terminó siendo lo que decidí llamar un “detox para petrolheads”. Ahora, mientras regreso a casa en avión, siento los pulmones limpios, el cerebro lleno de dopamina, y el alma purificada por motores a combustión que bien podrían ser obras de arte. Pero a la vez, con los órganos licuados por la aceleración de deportivos con prestaciones que desafían a la física. Digamos todo.


Gracias a la invitación de Porsche Uruguay & Argentina (Nordenwagen) y Porsche Latin America, Autoblog participó de este evento que durante una semana estuvo copando al autódromo de La Chutana, en San Bartolo, a las afueras de Lima. La propuesta consistía en manejar durante una jornada prácticamente todos los modelos que Porsche comercializa a nivel global. Bueno, casi todos. En lugar de las habituales tres horas al volante de un producto nuevo, la marca puso a disposición nada menos que 20 vehículos para conducir al límite de sus capacidades durante todo el día, con una pausa para almorzar. Casi como un bus turístico hop-on/off, pero con deportivos desarrollados en Weissach en un circuito.


El Porsche World Road Show funciona como una especie de circo itinerante petrolhead a nivel mundial. Los representantes de cada país contratan la experiencia, que permanece una semana invitando a clientes, potenciales compradores y prensa a manejar hasta el agotamiento. Al finalizar, los participantes reciben un certificado, un almuerzo riquísimo y un recuerdo para toda la vida. En algunos casos, también nace un nuevo cliente de la marca, si es que ya era entusiasta de ella. No niego ni confieso que hace tiempo entro ocasionalmente a mirar precios de Porsche usados en las webs de compraventa que todos conocemos. Esa quizás sea la ironía del detox: te quitan un mal del alma, pero te inoculan un vicio. De esos que aparecen durante una noche de insomnio y pueden terminar en una locura. Tampoco niego ni confieso haber comprado alguna vez un clásico por el mero hecho de estar despierto a las tres de la mañana.


El menú incluyó modelos como los 911 Turbo S T-Hybrid Cabriolet y Coupé, GT3 Pack Weissach, Targa 4 GTS T-Hybrid y Carrera 4 GTS T-Hybrid; Cayenne Electric, Turbo Electric, Cayenne S Coupé, Turbo Coupé e-Hybrid y GTS Coupé; Panamera 4S e-Hybrid con Active Ride y GTS; Taycan Turbo S Sport Turismo y Macan Turbo Electric. Porsche dividió a los medios invitados en grupos de seis participantes para realizar las actividades en parejas o individualmente. Integré el grupo Azul, junto a colegas de Argentina, Chile y Uruguay, y elegí como compañero a mi colega, hermano y “partner in crime” conocido por todos ustedes, Carlos Cristófalo, de Autoblog Argentina.


Antes de salir a pista recibimos la habitual charla de seguridad: posición correcta de manejo, nada de distracciones con pantallas o celulares y, sobre todo, jamás desconectar el Porsche Stability Management (PSM), como la marca denomina a su control de estabilidad. O, como lo llaman los instructores, el botón de “Please, Save Me!”. Con las indicaciones claras, comenzamos con un slalom cronometrado a bordo de un 911 Carrera 4 GTS T-Hybrid Cabriolet y una prueba de Launch Control con un 911 Turbo S T-Hybrid Cabriolet y un Cayenne Turbo Electric. La primera fue divertida. La segunda, un desafío físico y mental. En ambos casos la aceleración es brutal, pero en el SUV resulta directamente de otro mundo. No en vano es el Porsche de producción más potente y con mayor torque de la historia: 1.156 cv y 1.500 Nm. Parece reírse de las leyes de la física mientras tu cerebro intenta comprender qué acaba de suceder. Incluso nuestro instructor nos dio el consejo del día, además de no apagar el PSM: “Antes de soltar el freno, apoyá tu cabeza contra el apoyacabezas, sino, te vas a lastimar”. Moraleja: siempre escuchen a los instructores.


La siguiente estación fue algo más convencional: dos vueltas por participante con la gama Panamera y Cayenne, tanto en versiones e-Hybrid como GTS. Allí destacaron los espectaculares V8 de estos últimos, que suenan y empujan como los dioses, y especialmente el Panamera 4S e-Hybrid equipado con Porsche Active Ride. Mediante actuadores electrohidráulicos, este sistema controla los movimientos de la carrocería y prácticamente elimina los balanceos en curvas, aceleraciones y frenadas. Es ingeniería de otro plano astral: consigue que semejante bote ejecutivo se mueva con una agilidad e imperturbabilidad sorprendentes. La diferencia quedó todavía más clara al manejar luego un Panamera GTS sin esta suspensión intergaláctica. Es una animalada lo bien que funciona. Y, como si fuera poco, el auto eleva su carrocería al abrir la puerta para facilitar el ingreso y egreso, regresando automáticamente a su posición original al cerrarla. Es realmente hipnótico ver cómo se comporta este sistema, tanto en pista como quieto.


Terminada esta actividad, nos trasladamos a las dunas detrás de La Chutana para manejar los Cayenne y Cayenne S Coupé fuera del asfalto. El objetivo era demostrar que podían hacer bastante más que el recorrido entre el trabajo, el colegio y el shopping. El circuito incluía un cruce de ejes, una trepada con posterior descenso, una rampa con inclinación lateral de 45° y pozos, además de un tramo de arena suelta. Superaron todo sin inconvenientes. Al frente del grupo iba Darío García, jefe de pilotos del Porsche World Road Show y un instructor de primer nivel que, a diferencia mía, sí tiene el verdadero “mejor trabajo del mundo”. Un simpático malagueño, obsesionado con no perder el tiempo entre auto y auto para que podamos probar todo en condiciones aprovechando al máximo, y, curiosamente, hijo de madre uruguaya. Porque otra virtud de esta experiencia es su equipo humano: personas que se toman el tiempo de compartir parte de sus vidas para hacerte sentir en familia mientras destrozás un juego de neumáticos en pista. Hasta un Bibendum, la mascota de Michelin, apareció a saludarnos en el circuito al llegar, muy alegre. Imagino que terminó algo preocupado por la cantidad de caucho consumido durante la jornada. Pobrecito.


Al mediodía hicimos una pausa para almorzar dentro del circuito. Y estando en Perú, la gastronomía también fue parte fundamental de ese “detox”. Lejos de la mediocre costumbre de algunos eventos en São Paulo de llevar a la prensa a esa infame trampa para turistas desprevenidos y hambrientos llamada Fogo de Chão, Porsche nos ofreció una pequeña pero increíble muestra de una de mis cocinas favoritas del mundo. Ceviche, causas, lomo salteado, suspiro limeño, torta tres leches, mariscos, pisco sour —por la noche, después del evento, claro está— y uno de los mejores pulpos a la parrilla que comí en mi vida. No solo vine a desintoxicarme de productos automotrices mediocres, sino también de esas comidas de viaje tan disfrutables como un tenedor libre donde conviven ensalada rusa y sushi, todo servido a temperatura ambiente. Gracias, Porsche, por cuidar también mi salud alimentaria. Pero sigamos hablando de autos, aunque después de este viaje consideré seriamente dedicarme al periodismo gastronómico. Va en serio.


Para cerrar la jornada nos esperaba lo mejor. Regresamos a pista para manejar primero la gama eléctrica —Taycan Sport Turismo, Macan Turbo Electric, Cayenne Electric y Cayenne Turbo Electric Coupé— y luego los 911 Targa 4 GTS T-Hybrid, Carrera 4 GTS T-Hybrid, Turbo S T-Hybrid y GT3 Pack Weissach. De todos ellos, el GT3 terminó siendo el favorito del grupo. Era mi primera vez al volante de varios Porsche, incluido el Panamera, pero especialmente de un GT. Son vehículos de otra raza, incluso dentro de la propia marca. Desarrollados por una división específica, con una filosofía solo comparable a la de BMW M, que transforma profundamente sus modelos convencionales para convertirlos en deportivos de alto rendimiento. Al punto tal que sus equipos de ingeniería no se comparten con los de otros modelos.


Hago especial hincapié en esto porque, después de manejar el increíble GT3, me subí al Turbo S T-Hybrid y no solo me pareció un auto completamente distinto: hasta resultó aburrido en comparación. Ambos son bólidos extraordinarios y rapidísimos, pero responden a planteos abismalmente diferentes. El Turbo S está más filtrado y adaptado al uso diario. Permite viajar a velocidades absurdas con una facilidad pasmosa. El GT3, en cambio, convierte cada aceleración, curva y frenada en una descarga de adrenalina propia de un auto de competición. Incluso mi Apple Watch interpretó que estaba haciendo ejercicio mientras manejaba, con las pulsaciones por las nubes. Terminé transpirando. Manejar. Eso es lo que te hace hacer un GT3.


Así como ir al gimnasio le hace bien al cuerpo, manejar un GT3 oxigena el alma y la pasión por los autos. Fue una experiencia sobrenatural que pasó directamente a ocupar el primer lugar entre los vehículos más disfrutables que manejé en mi vida. Y eso que lo utilicé en modo Normal, con todos los controles conectados. Lo gracioso de toda la vuelta, fue que Darío, nuestro instructor, iba encabezando la caravana con un simple 911 Carrera S, dejando que nosotros disfrutemos de las versiones más potentes. Un genio.

Pero todavía faltaba algo. Al finalizar la jornada se sortearon los llamados “Taxi Rides”, vueltas en las que los instructores llevan a los participantes al verdadero límite de las capacidades de cada vehículo. Los elegidos fueron Taycan Turbo S Sport Turismo, Cayenne Turbo Electric Coupé, 911 Carrera S y GT3 Pack Weissach. Me tocó este último, solo para descubrir que todo lo disfrutado al manejarlo había sido apenas una fracción de su potencial. El instructor mexicano Víctor Medina conocía al GT3 como la palma de su mano. Iba tan relajado como si estuviera yendo al supermercado y tan de costado como la física permite sin terminar en un desastre. Y en mi caso, gritando como un desaforado y riéndome hasta las lágrimas de la alegría. Todo acompañado por el sonido de su motor 4.0 flat-six atmosférico, capaz de girar hasta las 9.000 rpm, y bañado por la luz del atardecer sobre el desierto peruano. Sublime. Inolvidable. Único.

La conclusión de esta crónica es que me desintoxiqué del que ustedes piensan que es “mejor trabajo del mundo” para volver a disfrutar del “mejor trabajo del mundo” con el que soné desde que era chico. Porque estos son los autos con los que uno sueña. Eternas gracias por el “rehab week”, Porsche. Pero mientras el avión aterriza en Uruguay, siento que ahora tengo dos problemas por resolver: tener un Porsche cuanto antes o recorrer el mundo siguiendo a este genial circo itinerante petrolhead. Qué gran dilema, ¿no?