Probamos al Suzuki Vitara: viviendo del legado

lunes, 22 de febrero de 2016



Evaluamos al nuevo crossover chico de Suzuki, el Vitara. El próximo viernes, la evaluación completa.
Luego de varios años volvimos a probar un Suzuki. En este caso nos subimos durante 10 días y más de 1.000 kilómetros a su último lanzamiento del mercado local, el Vitara. Evaluamos a la versión tope de gama, la 1.6 GLX A/T ALLGRIP Pero antes de la prueba completa, esta nota.

Vitara es casi que una marca dentro de otra. Hasta se podría decir que se convirtió en una denominación genérica para denominar a un SUV pequeño. En 1988 nació como un todoterreno ideal para convivir entre la ciudad y el campo.

Tenía un tamaño muy amigable con los tránsitos congestionados, pero también perfecto para meterse en caminos complicados, dado que tenía doble tracción, un bajo peso, y un chasis pensado desde el vamos como una herramienta práctica.


A lo largo de tres generaciones, el nombre Vitara fue -y sigue siendo- uno de los productos más prolíficos de Suzuki junto al Swift. Incluso llegó a venderse bajo varios nombres y hasta marcas. Sí, cuando esta empresa nipona se asoció con General Motors nació el Chevrolet Tracker, aunque también la denominación Vitara fue usada dentro de la familia oriunda de Detroit.

Hoy Vitara, sin embargo, es otra cosa. Vitara "a secas" quiero decir. En las segunda y tercera generaciones del modelo se había tomado la decisión de cambiar el nombre a Grand Vitara (ver lanzamiento), para mostrar el salto que se había dado de una generación a la siguiente, que por otra parte, no era un ejercicio de marketing. Efectivamente fue un salto notorio.


En la cuarta generación de este nombre (¿vieron que no dije modelo?) fue un nuevo giro. Ya no era "Grand", sino que volvía a ser Vitara, tal y cual fuera la primera generación. También pasó a tener unas dimensiones más acotadas, enfocándose a un uso más urbano y menos "trialero". Más crossover, menos SUV sería el concepto indicado.

Por ejemplo, el Grand Vitara (aclaración: el Vitara no lo reemplaza ni reemplazará) es 125 mm más largo, 85 más alto, 35 mm más ancho, y tiene una distancia entre ejes 140 mm más extensa que en el Vitara. Uno pertenece al segmento C, mientras que el otro, al B. Uno lleva monocasco, el otro un chasis tradicional. Es decir, son dos productos completamente distintos.


¿Entonces ante qué estamos? Simple. Ante la moda actual de los crossovers chicos, Suzuki decidió utilizar un nombre que le ha llevado solamente éxitos a un segmento donde no tenía tanta presencia. Es una movida inteligente, ya que todos asociamos Vitara con un SUV. Aunque no lo sea más, en la práctica es el "más SUV de todos los crossovers chicos". Pero sobre eso me extenderé en la prueba.

De todas formas, el uso del nombre Vitara (ver lanzamiento) también puede ser visto como un retorno a los inicios para poder así, con un producto más moderno y sofisticado, vivir del legado que dejaron las generaciones anteriores, famosas por su rusticidad y durabilidad. Lo sabremos a ciencia cierta cuando ustedes puedan leer la evaluación completa tras más de 1.000 kilómetros de prueba y diez días de uso intenso.

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